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Relación entre hipertensión arterial y diabetes mellitus
El envejecimiento de la población en todo el mundo, está ocurriendo y el aumento en la expectativa de vida hace que las enfermedades crónicas sean más comunes. Especialmente, las enfermedades consideradas dentro del grupo de riesgo cardiovascular, dentro de las cuales se encuentran la hipertensión arterial, la diabetes mellitus y la dislipidemia.
¿Sabes qué tienen en común la hipertensión arterial y la diabetes mellitus?
Ambas hacen parte del grupo de enfermedades cardiovasculares; que afectan el corazón y los vasos
sanguíneos.
La hipertensión arterial y la diabetes mellitus son los dos principales factores de riesgo para el desarrollo de una enfermedad, cerebrovascular y vascular periférica.
Los pacientes que padecen las dos enfermedades, tienen un es elevado riesgo cardiovascular, por la aparición de ciertas complicaciones microvasculares como: nefropatía (deterioro de la función renal), neuropatía (dolor por daño de las fibras nerviosas) o retinopatía diabética (trastornos de la visión). Asimismo, es importante tener presentes las complicaciones macrovasculares, como cardiopatías, (problemas de corazón) o pie diabético (úlceras en el pie).
Para prevenir o reducir la aparición de éstas complicaciones, así como la mortalidad, es importante que las personas se realicen autocontroles rutinarios de la presión arterial, al igual que mantener una adecuada adherencia al tratamiento antihipertensivo y antidiabético.
La diabetes mellitus se presenta en casi el 10% de la población, mientras la hipertensión arterial en más del 25%, y en algunos casos, el diagnóstico de una es consecuencia de la otra, lo que conlleva a que muchas personas padezcan las dos enfermedades.
El riesgo de sufrir de sufrir hipertensión arterial es el doble en pacientes diabéticos que en los pacientes no diabéticos y en aproximadamente el 70% de los pacientes diabéticos se diagnostica hipertensión arterial.
Un control intensivo de todos los factores de riesgo cardiovascular, incluida la hipertensión, en el paciente diabético; disminuye casi a la mitad los episodios micro y macrovasculares (trombosis, embolia, hemorragia cerebral, infartos).
Uno de los órganos más afectados en el paciente diabético es el riñón, causando lo que se conoce como nefropatía diabética, la cual es acelerada y empeorada por la hipertensión arterial. Por lo tanto, es necesario un control estricto de la presión arterial como la mejor alternativa para prevención y control.
El control de la hipertensión arterial generalmente es más difícil en el paciente diabético y en la mayoría se requieren al menos dos fármacos. Así, cuando una persona tiene ambas enfermedades, se multiplica el riesgo de padecer infarto de miocardio, insuficiencia renal, ictus (accidentes cerebrovasculares), enfermedad vascular periférica (falta de irrigación en las piernas).
Algunos factores que hacen más difícil controlar la presión arterial en el paciente diabético son:
• Mayor rigidez de las arterias.
• Disminución de los procesos de relajación de la fibra muscular.
• Arterioesclerosis acelerada por la enfermedad vascular causada por la diabetes.
• El azúcar elevado que aumenta la viscosidad de la sangre.
• El tiempo de evolución de la diabetes también influye de manera importante con la dificultad en el control.
La hipertensión arterial y la diabetes mellitus son los dos principales factores de riesgo para el desarrollo de una enfermedad, cerebrovascular y vascular periférica.
Los pacientes que padecen las dos enfermedades, tienen un es elevado riesgo cardiovascular, por la aparición de ciertas complicaciones microvasculares como: nefropatía (deterioro de la función renal), neuropatía (dolor por daño de las fibras nerviosas) o retinopatía diabética (trastornos de la visión). Asimismo, es importante tener presentes las complicaciones macrovasculares, como cardiopatías, (problemas de corazón) o pie diabético (úlceras en el pie).
Para prevenir o reducir la aparición de éstas complicaciones, así como la mortalidad, es importante que las personas se realicen autocontroles rutinarios de la presión arterial, al igual que mantener una adecuada adherencia al tratamiento antihipertensivo y antidiabético.
La diabetes mellitus se presenta en casi el 10% de la población, mientras la hipertensión arterial en más del 25%, y en algunos casos, el diagnóstico de una es consecuencia de la otra, lo que conlleva a que muchas personas padezcan las dos enfermedades.
El riesgo de sufrir de sufrir hipertensión arterial es el doble en pacientes diabéticos que en los pacientes no diabéticos y en aproximadamente el 70% de los pacientes diabéticos se diagnostica hipertensión arterial.
Un control intensivo de todos los factores de riesgo cardiovascular, incluida la hipertensión, en el paciente diabético; disminuye casi a la mitad los episodios micro y macrovasculares (trombosis, embolia, hemorragia cerebral, infartos).
Uno de los órganos más afectados en el paciente diabético es el riñón, causando lo que se conoce como nefropatía diabética, la cual es acelerada y empeorada por la hipertensión arterial. Por lo tanto, es necesario un control estricto de la presión arterial como la mejor alternativa para prevención y control.
El control de la hipertensión arterial generalmente es más difícil en el paciente diabético y en la mayoría se requieren al menos dos fármacos. Así, cuando una persona tiene ambas enfermedades, se multiplica el riesgo de padecer infarto de miocardio, insuficiencia renal, ictus (accidentes cerebrovasculares), enfermedad vascular periférica (falta de irrigación en las piernas).
Algunos factores que hacen más difícil controlar la presión arterial en el paciente diabético son:
• Mayor rigidez de las arterias.
• Disminución de los procesos de relajación de la fibra muscular.
• Arterioesclerosis acelerada por la enfermedad vascular causada por la diabetes.
• El azúcar elevado que aumenta la viscosidad de la sangre.
• El tiempo de evolución de la diabetes también influye de manera importante con la dificultad en el control.
¿Cómo prevenir y tratar estas enfermedades?
Detectar a tiempo la hipertensión arterial en el paciente diabético y tratarla de forma adecuada,
puede retardar la progresión y el agravamiento de complicaciones frecuentes en el paciente diabético
como retinopatía y nefropatía.
Para prevenir enfermedades cardiovasculares, es esencial adoptar hábitos saludables a través de pequeños cambios diarios como:
1. Mantener un peso adecuado.
2. Practicar actividad física: Ayuda al control del azúcar en la sangre y las cifras de presión arterial.
3. Reducir el tiempo de sedentarismo, frente a las pantallas, realizar interrupciones periódicas para moverte.
4. Comer de forma saludable: Llevar una dieta baja en sodio, consumir alimentos naturales, incluir frutas enteras, verduras, evitar “paquetes”, gaseosas y bebidas azucaradas.
5. Disminuir el consumo de alimentos procesados.
6. Evitar tabaquismo.
7. Evitar el consumo de bebidas alcohólicas.
8. Adherencia al tratamiento farmacológico.
9. Llevar control de las cifras tensionales y niveles de glucosa en sangre.
Finalmente, un adecuado tratamiento de las dos enfermedades se va a reflejar en:
1. Mejor calidad de vida.
2. Disminución de muertes.
3. Disminución de complicaciones cardiovasculares.
4. Mayor autonomía de los pacientes, confianza en los medicamentos y en su médico especialista.
Para prevenir enfermedades cardiovasculares, es esencial adoptar hábitos saludables a través de pequeños cambios diarios como:
1. Mantener un peso adecuado.
2. Practicar actividad física: Ayuda al control del azúcar en la sangre y las cifras de presión arterial.
3. Reducir el tiempo de sedentarismo, frente a las pantallas, realizar interrupciones periódicas para moverte.
4. Comer de forma saludable: Llevar una dieta baja en sodio, consumir alimentos naturales, incluir frutas enteras, verduras, evitar “paquetes”, gaseosas y bebidas azucaradas.
5. Disminuir el consumo de alimentos procesados.
6. Evitar tabaquismo.
7. Evitar el consumo de bebidas alcohólicas.
8. Adherencia al tratamiento farmacológico.
9. Llevar control de las cifras tensionales y niveles de glucosa en sangre.
Finalmente, un adecuado tratamiento de las dos enfermedades se va a reflejar en:
1. Mejor calidad de vida.
2. Disminución de muertes.
3. Disminución de complicaciones cardiovasculares.
4. Mayor autonomía de los pacientes, confianza en los medicamentos y en su médico especialista.